jueves, 28 de septiembre de 2017

BATALLA DE RONCESVALLES.



La tropa avanza despacio por el tupido bosque, los hombres están exhaustos por el prolongado ascenso, garganta seca y piernas pesadas, las bestias que cargan con la impedimenta deben ser azuzadas para que continúen caminando, los árboles van cerrando el paso, la senda es cada vez más estrecha. El Sol hace mucho rato que alcanzó su cénit y comenzó a descender lentamente. Todo estaba en calma y nada hacía presagiar lo que estaba a punto de suceder. Un grito estridente, un rumor de pasos y una profusa lluvia de piedras y dardos que cayó sobre la columna. Enormes rocas bajan rodando la ladera desbaratando la formación y una horda de aguerridos vascones, surgida de las entrañas mismas de la tierra, se lanza ululando a masacrar a los sorprendidos soldados. Un par de horas más tarde los cadáveres francos aparecen esparcidos por las cumbres pirenaicas, mientras sus verdugos regresan con premura a sus refugios.

Verano del 778, 15 de Agosto, la retaguardia del ejército de Carlomagno, dirigida por Roldán (y los Doce Pares de Francia) es aniquilada por los vascones en algún angosto desfiladero de los Montes Pirineos. Aquella escaramuza, pues no puede denominarse batalla a lo que en realidad fue una emboscada, acabó convertida en obra cumbre de la épica literaria medieval, el Cantar de Roldán – Chanson de Roland – y en la partida de nacimiento del Reino de Navarra.

"Mientras se combatía contra los sajones en esta guerra interminable y sin apenas tregua, Carlos hizo colocar guarniciones a lo largo de los puntos estratégicos de las fronteras y a continuación atacó Hispania con el mayor contingente bélico de que dispuso. Atravesó el desfiladero de los Pirineos, acepto la rendición de todas las fortalezas y castillos que asaltó y volvió con el ejército sano y salvo si se exceptúa que, a su regreso, tuvo ocasión de experimentar súbitamente la perfidia vascona en las mismas cumbres de los Pirineos. En efecto, cuando el ejército avanzaba en larga columna, a lo que obligaba el desfiladero, los vascones, emboscados en lo alto de los montes -pues éste es un lugar idóneo para preparar emboscadas dada la espesura de sus numerosos bosques- se precipitaron sobre los carruajes que marchaban en último lugar y sobre los que protegían el grueso del ejército cubriendo la retaguardia y los arrojaron al fondo del valle. Una vez entablado el combate, mataron a todos sin excepción y, después de saquear los bagajes, se dispersaron con gran rapidez al amparo de la noche que ya empezaba a caer. En este caso favorecía a los vascones la ligereza de su armamento y la disposición del terreno en el que la batalla tuvo lugar; a los francos, por el contrario, la pesadez de su armamento y la irregularidad del terreno los dejó en situación de total inferioridad frente a los vascones. En esta batalla hallaron la muerte, entre otros muchos, el senescal Egihardo, el conde de palacio Anselmo y Roldan, prefecto de la marca de Bretaña. Y ni siquiera se pudo vengar de inmediato este revés porque el enemigo, al acabar el combate, se dispersó tan rápidamente que no quedó indicio alguno de dónde se le podía buscar".
Eginardo. Vida de Carlomagno.

Del mismo modo que los asturianos tienen Covadonga, los navarros tienen Roncesvalles. Los vascones para defender su independencia dieron a Carlomagno una lección que tardaría en olvidar.

Prólogo en Alemania.
En el año 777 los musulmanes del Valle del Ebro mandaron una embajada a Carlomagno encabezada por el valí Sulayman al – Arabí. El encuentro se produjo en Paderborn. Por aquella época el rey de los Francos presumía de una trayectoria victoriosa en sus guerras contra sajones, lombardos y gascones, de manera que Sulayman al – Arabí pensaba que era el aliado ideal para enfrentarse al emir cordobés Abderramán I. Como recompensa el embajador musulmán ofrece a Carlomagno un suculento presente, la ciudad de Zaragoza.

Una campaña estival.
Carlomagno decide inmiscuirse en los territorios transpirenaicos y de paso desplazar sus frontera más hacia el sur, para ello organiza una expedición al valle del Ebro. Esta maniobra se corresponde con la típica campaña estival que solían emprender los reyes francos.

El futuro emperador reúne un heterogéneo ejército formado por lombardos, francos, burgundios y frisones, y emprende la marcha. Las tropas serán divididas en dos cuerpos de ejército, que atravesarán la cordillera pirenaica por dos lugares diferentes, para en un movimiento de tenaza, converger en Zaragoza. Uno de ellos, dirigido por el duque de Tolosa, atravesó los Pirineos por Gerona, para llegar a Zaragoza vía Barcelona. El otro, encabezado por el propio emperador, cruzó la cordillera por Roncesvalles y Pamplona. La ruta que siguió Carlomagno es posible que se corresponda con el itinerario que utilizaban los peregrinos jacobeos al cruzar los Pirineos.

“El rey Carlos, nuestro emperador, el Grande, siete años enteros permaneció en España: hasta el mar conquistó la altiva tierra. Ni un solo castillo le resiste ya, ni queda por forzar muralla, ni ciudad, salvo Zaragoza, que está en una montaña. La tiene el rey Marsil, que a Dios no quiere. Sirve a Mahoma y le reza a Apolo. No podrá remediarlo: lo alcanzará el infortunio”.
Cantar de Roldán.

Carlomagno se presentó ante las murallas de Zaragoza con la intención de tomar posesión de la ciudad, pero el valí Marsil, se negó a dejarlo pasar. Carlos encolerizado puso sitio a la plaza. Los francos se estrellaban una y otra vez contra la vieja muralla romana. Y así transcurrió un largo mes.

Casus belli.
El tiempo corría a favor de Zaragoza, el verano se iba acabando y pronto los pasos pirenaicos estarían intransitables. No quedaba más remedio que levantar el sitio y regresar a casa. El proyecto de Carlomagno de establecer la frontera al sur de los Pirineos había fracasado.

Ofuscado, y para liberar tensión entre sus hombres, en la retirada ataca Pamplona y destruye sus murallas, para doblegar su voluntad y poner fin a la oposición de los vascones. Buscaba una victoria para subir la moral y volver a casa con algo en los bolsillos. Los deseos de venganza no tardarían en ser satisfechos.


Emboscada.
El 14 de agosto el ejército franco, esta vez en un sólo cuerpo, acampó a los pies de los Pirineos, en un algún lugar amplio y llano, última barrera entre este tierra inhóspita y el hogar.


 El grueso del ejército madrugó para encarar los terribles puertos por la mañana temprano. La retaguardia iniciaría la marcha bien entrado el medio día.

Trescientos vascones esperaron pacientemente emboscados en el bosque la llegada de la retaguardia que estaría compuesta por unos mil hombres. Los vascones tenían experiencia militar suficiente y supieron sacar ventaja del conocimiento el terreno. Una andanada de piedras y dardos sirvió para desorganizar el ejército, cuyos hombres acumulaban cansancio tras varias horas de marcha por la montaña. Un ejército que había conquistado media Europa, pero que llegó fatigado a la cumbre, fue completamente aniquilado en poco tiempo.


Los Annales Regii escritos en el 801 es la fuente más antigua que tenemos sobre la batalla: "En el somo del desfiladero, los vascones, emboscados en las alturas, atacaron al ejército en tumulto. Aunque los francos eran manifiestamente superiores a los vascos en armas y en valor, fueron dominados por ellos a causa del carácter desigual de las posiciones y de la manera también desigual de combatir. La mayor parte de los capos [altos oficiales] de palacio, a los cuales había dado el rey el mando de sus tropas, perecieron en esta acción; fueron robados los equipajes, y el enemigo, favorecido por el conocimiento que tenía del lugar, se dispersó de inmediato".



A partir de aquí la bruma del tiempo cubrió lo sucedido, no existe documento que señale el lugar de la batalla, la tradición oral se convirtió en cantar de gesta (donde los vascones mutaron en sarracenos) y de boca a boca Roncesvalles fue celebrada como la batalla más famosa de toda la Edad Media. Aunque para ser justos, la importancia del Cantar de Roldán es infinitamente superior a la batalla en sí.




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