jueves, 11 de mayo de 2017

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS.



Cuerpos desnudos danzando y riendo, pájaros coloridos de enorme tamaño, cuadrúpedos híbridos, formas oníricas, criaturas antediluvianas pastando en el Edén, bivalvos que saborean a un humano, tenebrismo infernal y lluvia de meteoros ardientes. Un tríptico imposible, con el paraíso en la tabla izquierda y el oscuro infierno en la tabla diestra. En el centro, el Jardín de las Delicias, con todo el mundo entregado al disfrute carnal y al pecado terrenal.

¿Alucinaciones de un loco?, ¿premonición de un visionario? ¿surrealismo medieval? Un pintor que entró por un agujero del tiempo para crear uno de los cuadros más enigmáticos e inquietantes de toda la historia del arte.


El Bosco, Jheronimus van Aken, concibió una obra a medio camino entre el mundo real y la fantasía onírica, un cuadro que haría las delicias de Salvador Dalí y de los prodigiosos dibujantes japoneses de Manga, que quedarían atrapados por las figuras trazadas por el genio holandés.  
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