sábado, 31 de octubre de 2015

AKINDSCHIS, CABALLERÍA LIGERA OTOMANA.



Rápidos jinetes, armados con espada, escudo, una lanza y una maza, campaban a su anchas y lanzaban mortíferos ataques en el lugar menos esperado por los incautos enemigos cristianos. Akindschis es el nombre de la caballería turca dedicada a merodear, la rapiña, a rápidas incursiones y a la guerra de guerrillas. Era una cuerpo irregular, reclutado entre los capas menos favorecidas de la sociedad y se trataba del último vestigio de la ancestral caballería de las estepas. Formaban con sipahis y jenízaros la base del poderoso (y por momentos imbatible) ejército otomano. 

Se organizaban en unidades de diez, cien y mil efectivos, y en campañas de gran envergaduua, actuaban como avanzadilla del ejército principal, aseguraban puentes y capturaban prisioneros para interrogarlos. Tremendamente eficaces, su fuerza consistía en la rapidez con que penetraban en los territorios cristianos fronterizos. Combatían por dos motivos; la guerra santa y el botín (no recibían un sueldo). Los ejércitos cristianos que se enfrentaban con los turcos no disponían de unidades de este tipo. Cuando la caballería pesada nobiliaria lograba alcanzar el campo de batalla, los rápidos akindschis ya habían regresado a su campamento después de haber saqueado los campamentos enemigos. 


viernes, 30 de octubre de 2015

HUNGRÍA, UNA PARADA HACIA TIERRA SANTA.



Durante el desarrollo de las Cruzadas el reino de Hungría se convirtió en lugar de paso obligado para millares de soldados de Cristo. En algunas ocasiones, fueron más un problema que una bendición para el pueblo húngaro. En otras ocasiones, los propios monarcas húngaros fueron adalides de la Cruz en tierra infiel. 

A finales del siglo X el rey húngaro Esteban I abrazaba el Cristianismo, y de esta manera s inauguraba una ruta terrestre, que siguiendo el curso del Danubio a través de los Balcanes conducía a Constantinopla a centenares de peregrinos que procedentes de Europa Occidental buscaban llegar a los Santos Lugares. Estos pereegrinos podían viajar con poco riesgo a través de tierras magiares, para cruzar la frontera bizantina en Belgrado y continuar luego hasta la capital de Bizancio pasando previamente por Sofia y Adrianopolis. 

Un siglo después serían los cruzados los que emprendieron este camino. En mayo de 1096 un ejército franco había descendido por Hungría y habia entrado en tierras del Imperio a través de Belgrado, ciudad centinela del Danubio. El propio rey Colomán había concedido permiso a los ejércitos cristianos, que en esta ocasión no provocaron ningún incidente desagradable.

No ocurrió lo mismo con los siguientes ejércitos que llegaron a Hungría a principios de verano, que venían de masacrar judíos a su paso, y estaban decididos a continuar con sus matanzas, saqueos y desmanes en tierras húngaras. Pero los magiares no permitieron una conducta así y atacaron y dispersaron a los cruzados. El rey Colomán organizó sus tropas, los cercó y los obligó a devolver todo lo que habían robado: vino, cereales, bueyes, ovejas...

La situación cambió cuando Godofredo de Bouillón, llamado a triunfar en la primera cruzada, llegó a la frontera de Hungría y con buenas palabras convenció a Colomán, un tanto desconfiado de los caballeros occidentales, de que les dejase atravesar su reino. El propio Godofredo se ocupó personalmente de mantener la concordia entre sus hombres, que cruzaron el país magiar sin provocar ningún tipo de altercado. 

Guillermo IX duque de Aquitania y el emperador Federico Barbarroja, fueron otros de los caballeros cruzados que alcanzaron Tierra Santa después de atravesar la gran llanura panónica que pertenecía al Reino medieval de Hungría. 



jueves, 29 de octubre de 2015

RUINAS.



El viajero se detiene emocionado ante las ruinas. 

Contempla las antiguas visiones de fortalezas deshechas y siente un cansancio abrumador. Sobre los arcos rotos, en las puertas que entran a recintos alfombrados con ortigas y capiteles yacentes, en las altas paredes solitarias, la esencia de mil colores tristes se esparció entre los mantos reales de las yedras. 

La visión decorativa de una ruina es magnífica. La luz entra por los techos derrumbados, y no tiene dónde reflejarse, sólo en las covachas de una galería abierta a los campos, o en un claustro, penetra modulando tonalidades sombrías. 

El contraste de los colores verdes, y los dorados bajo la caricia dulce de la luz, forma una gama admirable de apagamiento y amargura. 

Otro de los encantos de las ruinas son los ecos. 

Los ecos perdidos en los campos anidaron en las esquinas desmoronadas, en las bodegas llenas de plantas salvajes. 

En las ruinas de las llanuras hay ecos hasta en los sitios más escondidos. En la amplia soledad de las llanuras no tienen estos geniecillos parajes donde reposar, y cuando el vetusto edificio se derrumbó, ellos penetraron en sus muertas estancias para hacer burla de todo sonido, repetir la risa, y el grito desconsolado, multiplicar las pisadas, y confundir las conversaciones en un mareo de palabras. 

Las ruinas se van hundiendo lentamente en el terreno hasta que quedan sepultadas del todo, las figuras invisibles que las habitaron se marchan, y los ecos vuelven a danzar otra vez por las llanuras para dormirse en espera de despertar. Se hunde el escenario y se acaba la leyenda. Los pájaros vuelan a otro sitio más agradable, los reptiles huyen a otras madrigueras más ocultas, y al hundirse la ruina en la tierra acabó la tragedia histórica.

Antes que el prestigio romántico, decorativo y artístico, tienen las ruinas el prestigio miedoso. 

Huyeron los frailes, o los señores que habitaban los castillos, pero en el tiempo una noche, un campesino rezagado que volvía tarde al poblado, ve entre las malezas una gran figura blanca, con dos ojos verdosos que miraban pausadamente, después oye gritos de tortura infinita en los sótanos del castillo y arrastrar de cadenas por las naves deshabitadas. Huye el campesino, cuenta lo que ha visto y todo el pueblo se revoluciona. ¡Hay fantasmas en las ruinas! Ya nadie va a visitarlas y adquieren brillo sombrío. Una vieja del pueblo, una noche de tormenta, al calor de la lumbre y después de ordenar a los niños que se marchen, cuenta a los vecinos una historia pasada que a ella le contó su bisabuela. Una historia de amor y de duendes que pasó cuando estaba habitada la ruina. Aquella fantasma blanca que se había aparecido, sería la señora que se metió a monja después de matar a su marido, y todos se santiguan. Luego otra noche otro vecino vio con la luz tibia de la luna, al fantasma que bogaba en el río. Después hubo tormenta.

Todas las ruinas tienen una historia miedosa. Unas se conocen, otras ya las han olvidado. 

La ruina evoca baladas miedosas de almas en pena. 

Toda la literatura romántica puso sus figuras fantásticas en las ruinas, porque el alma de la ruina es eso: un fantasma blanco muy grande, muy grande, que llora por las noches desmoronando piedras y oculto entre las yedras, al son meloso del agua que pasa por las acequias.
García Lorca.



miércoles, 28 de octubre de 2015

HERMAN Y DOMINIKUS WAGHEMAKERE.



La tradición manda que los oficios pasan de padres a hijos. Los progenitores trabajan y enseñan las artes a sus vástagos, que comienzan de aprendices hasta que consiguen dominar el oficio. Los Waghemakeres, padre e hijo, Herman y Dominikus, fueron dos de los arquitectos más destacados del gótico flamenco de finales del siglo XV y comienzos del XVI. Trabajaron en Amberes, en Brujas y en Gante.  

martes, 27 de octubre de 2015

BAYACETO I, EL RAYO.



La victoria en la Batalla de Kosovo (1389) fue letal para el sultán otomano, Murad I que murió allí mismo. Con el cadáver aún caliente de su padre, Bayaceto I se proclamó nuevo sultán del Imperio. Bayaceto, apodado el Rayo, fue un triunfante sultán, de trágico final; de los altares de la monarquía a besar el suelo como esclavo.


Bayaceto mató a sus hermanos para acceder al poder, instaurando una nueva tradición, una práctica que fue institucionalizada más tarde por Mehmet II. Una vez en el poder, Bayaceto I protagonizó una victoriaosa carrera militar, afirmando su intención de conquistar el Reino de Hungría, la Península Italiana y abrevar a su montura en el mismísimo altar de San Pedro en Roma. No obstante, su bravuconería no estaba reñida con sus excelentes capacidades para la guerra; completó la conquista de Asia Menor y destrozó a un gran ejército cristiano en la batalla de Nicópolis (1396), dejando prácticamente un pasillo abierto hacia el corazón de los Balcanes y la sensación de que Constantinopla corría más peligro que nunca. Pero quien a hierro mata, a hierro muere.


Obligado a enfrentarse a los mongoles en su frente oriental, que habían aprovechado la presencia de Bayaceto en Europa para arrasar Anatolia, fue derrotado en la Batalla de Angora por Tamerlán. Cuentan que Bayaceto murió encerrado por su captor en una jaula de hierro como una alimaña a la que han arrancado garras y colmillos. También se cuenta que Tamerlán lo utilizaba como apoyo para subir y bajar de su caballo. Y así pasó sus últimos días el victorioso Bayaceto, besando el suelo que pisaba el conquistador mongol. 


lunes, 26 de octubre de 2015

JENÍZAROS, FLOR Y NATA DEL EJÉRCITO OTOMANO.


Consumados arqueros, expertos en el arte de la esgrima, los jenízaros, flor y nata del ejército otomano, guardia pretoriana leal al sultán, formaban en batalla, un sólido frente, prácticamente imposible de romper. Este cuerpo, auténtica élite del ejército turco durante siglos, estuvo considerado una de las mejores infanterías de toda Europa. Un modelo de disciplina táctica para los ejércitos occidentales a partir del siglo XVI. 


Desde mediados del siglo XIV los turcos se fueron convirtiendo en una potencia de primer orden en Europa Centro Oriental. En un principio en sus ejércitos la élite social luchaba a caballo, pero esto planteaba algunos problemas, como cuando debían iniciar un asedio, combatir contra las recias armaduras de los caballeros europeos o maniobrar en terrenos complicados. Por otro lado, es probable que los turcos quedaran impresionados con la efectividad de los famosos almogávares, a los que vieron combatir en el Oriente Mediterráneo. Fuera como fuese, el caso es que en 1330 Orhán I creó el cuerpo de los jenízaros – yeni ceri o soldados nuevos – a partir de mil prisioneros cristianos a los que se les dio a elegir; ser vendidos como esclavos o convertirse al Islam y luchar por el sultán. A partir de 1362 estos jenízaros comenzaron a ser reclutados mediante un sistema de leva forzosa; devshirme


Concebidos como un ejército antifeudal, para contrarrestar el creciente poder de la aristocracia de rancio abolengo, los jenízaros combatían a pie. Se protegían con una armadura de láminas (más ligera que la europea) y eran expertos arqueros, capaces, tras un duro entrenamiento, de lanzar entre 20 y 25 flechas por minuto. Para la lucha cuerpo a cuerpo utilizaban el sable curvo, la lanza y el hacha. Tenían un modo de luchar defensivo, y según la índole de la posición, cavaban trincheras, elevaban trincheras o sembraban el campo de estacas (como en la batalla de Nicópolis 1396). En las batallas campales mantenían la posición en el centro, para fortalecer la infantería y cuando la caballería enemiga cargaba, los jenízaros la cubrían con una interminable lluvia de flechas (en el momento preciso la caballería turca lanzaba el contragolpe). En la batalla de Varna (1444) los jenízaros fueron capaces de resistir la carga de la caballería húngara preparando el terreno para la victoria turca. 


Otro de sus cometidos era lanzar el asalto definitivo a las ciudades asediadas, como en la conquista de Constantinopla.


PUENTE VIESGO.



En el Valle del Pas, patria chica de los pasiegos, Puente Viesgo es uno de los principales núcleos poblacionales. Destacado centro de aguas termales, que lleva siglos ofreciendo paz y sosiego a los visitantes que llegan hasta aquí agotados, buscando tomar las aguas. Muy cerca, en la montaña se enclavan las cuevas de las Monedas y El Castillo, museo real del arte rupestre del Paleolítico Superior en Cantabria.


El río Pas desaparece entre los roquedales y la vegetación, creando un solitario páramo donde sentarse a conversar con uno mismo.


Puente Viesgo es una localidad que ha sabido adaptarse, con muy buen gusto, a las exigencias de los “tiempos modernos” sin abandonar por ello su legado histórico-artístico, ni sus valores tradicionales, respetando además su privilegiado entorno natural.


domingo, 25 de octubre de 2015

EL GUARDIAN DE VILNIUS.



Desde una hornacina, compuesto con su armadura, escudo en reposo y lanza en actitud de defensa, el guardián de la puerta de Vilnius - “Miesto varty sargybinis” - custodia atentamente el paso a la parte noble de la ciudad, atento al tránsito de caminantes, viajeros, vecinos y curiosos. 

sábado, 24 de octubre de 2015

ROBERTO EL FRISÓN.



Los ayuntamientos de Flandes son un árbol genealógico en piedra, reyes, emperadores, condes y duquesas aparecen esculpidos con esmero en sus magníficas fachadas góticas. Roberto I Conde de Flandes - Robrecht I (de Fries) van Vlaanderen – observa con atención a los transeuentes desde una hornacina del ayuntamiento de Gante.

Roberto I, apodado “el Frisón” por su matrimonio con Gertrudis de Sajonia (viuda del conde de Frisia) era el hijo menor de Balduino V, Conde de Flandes, por tanto su hermano, también llamado Balduino – gobernó como Balduino VI – le antecedía en la línea sucesoria. 

Murió su padre, murió su hermano, y quedó como legítimo conde su sobrino Arnulfo III, bajo la protección (y regencia) de su madre, Richilda. El ambicioso Roberto no dudó en reclamar para sí mismo los derechos de sucesión y la regencia. Protagonista en su juventud de campañas militares, Roberto aprovechó la ocasión para hacerse con el condado.

Richilda se apoyó en un noble normaando, que le proporcionó un pequeño ejército, y en el rey de Francia, Felipe I. Roberto aprovechó el descontento de los flamencos con el gobierno tiránico de Richilda. Arnulfo III y Roberto dirimieron sus diferencias en la batalla de Cassel. Arnulfo murió en combate y Roberto se convirtió en Conde de Flandes. 

Richilda levantó tropas para vengar la muerte de su vástago, pero Roberto la volvió a derrotar. Para expiar los pecados de esta victoria, y de la usurpación del condado, peregrino a Jerusalén. Cosas buenas de la fe católica, no importa cuanto mal puedas hacer, Dios siempre está dispuesto a perdonar (si el arrepentimiento es sincero). 

Con el tiempo las rencillas con el rey de Francia dieron paso a cierta colaboración. Felipe I reconoció a Roberto legítimo Conde de Flandes, y éste entregó a su hijastra Berta (hija de Gertrudis en su anterior matrimonio) como flamante esposa.

Nunca olvidó Roberto Oriente y partió a Tierra Santa a luchar en las cruzadas, y aunque obtuvo algunas victorias, no pudo culminar ningún gran éxito. En otra ocasión envió quinientos caballeros a petición del emperador Alejo I Comneno para defender territorio bizantino. 

Roberto y Gertrudis tuvieron cinco hijos que engendraron a varios futuros titulares del condado. Adela se casó con el rey de Dinamarca Canuto IV y de este matrimonio nació Carlos el Bueno . Roberto II sucedió a su padre al frente del condado (ya le había dado esta responsabilidad cuando partió para Tierra Santa), y Gertrudis de Flandes, casada en segundas nupcias con Teodorico II de Lorena, fue la madre del legendario Teodorico de Alsacia.

Un hombre es hijo de su época y hace lo que de él se espera. La guerra y la piedad (vaya contradicción) eran los faros que guiaban a los nobles cristianos al inicio del segundo milenio. Roberto el Frisón no quiso ser menos que nadie, dedicó su vida al combate y a la peregrinación.

OSMÁN I, EL PADRE DE LA PATRIA TURCA.




Osmán I (o Utmán), el hijo del legendario Ertugrul está considerado (aún hoy) el padre de la nación turca, de su nombre procede el apelativo otomano. En 1301 Osmán se encontraba en las inmediaciones de la ciudad bizantina de Nicea (Iznik) y se dedicó a someter sus alrededores. Muchas familias de inmigrante turcos se unieron a él. Las conquistas otomanas no habían hecho más que comenzar. 


Este emir de Senyut, miembro de los ghazid – guerreros de la fe - puso en marcha la expansión turca y colocó los cimientos, que con el tiempo, sustentaron un poderoso imperio que abarcaba territorios de tres continentes y prolongó su existencia durante más de cinco centurias. En Estambul – antigua Constantinopla, más antigua Bizancio – se custodian el sable y el estandarte de Osmán. 




viernes, 23 de octubre de 2015

SÜLEYMAN PASA.



Süleyman Pasa (o Solimán bajá) fue un general turco, hijo de Orhán I y protagonista de celebradas hazañas. Una noche del año 1357 Süleyman cruzó el Helesponto (Dardanelos) con la exigua compañía de sesenta jenízaros. Una vez en la costa europea realizó una rápida incursión en el pueblo bizantino de Tzimpo, llevándose consigo las barcas que estaban amarradas en el modesto muelle. Estas barquichuelas de pescadores fueron la primera armada turca, que comenzaba, ahora sí, la conquista de la Europa continental, asentándose en la península de Gallípoli.

Esto es lo que cuenta la tradición disfrazada de leyenda. La historia, aunque repetida hasta la saciedad, resulta más prosaica. Juan Cantacuzeno (que tenía una hija casada con Orhán I), autoproclamado emperador en Bizancio, enfrentado a los Paléologo, llamó a los turcos en su ayuda, y les permitió su establecimiento en la costa. Y ya no fue posible arrojarlos de allí. 

jueves, 22 de octubre de 2015

SACRE COUR DE MONTMARTRE.



En la parte más alta de Montmartre, el antiguo Monte de los Mártires, el mismo lugar donde fue decapitado Saint Denis, primer obispo de Lutecia (Paris) allá en el siglo III, se construyó entre 1875 y 1914, uno de los lugares más visitados de la Ciudad Luz, el Sagrado Corazón. 

ERTUGRUL



Ertugrul es el primer caudillo (reconocido) y el abuelo de la estirpe otomana, pues su hijo Osmán es considerado el fundador de esta gloriosa dinastía de sultanes turcos. Una antigua historia cuenta que Ertugrul tuvo la visión de una Media Luna creciendo sobre los desnudos senos de su amante. Esta imagen se convirtió en la bandera y el símbolo identificativo de la nación turca otomana.

Otra leyenda sobre el origen del estado otomano cuenta que en un momento, difícil de situar en el tiempo, Ertugrul conducía a un reducido destacamento de cuatrocientos cuarenta y cuatro guerreros a través de las montañas de Armenia hacia la llanura de Anatolia. Allí abajo contempló que se desarrollaba una batalla, y en una acto instintivo, decidió apoyar al bando más débil que parecía haber cedido terreno. El jefe del bando perdedor, que de milagro había salvado la vida, resultó ser el sultán de los selyúcidas, y en agradecimiento concedió a Ertugrul una marca (beylik) en la frontera con Bizancio. Este exiguo territorio fue el germen del vasto Imperio Otomano que en poco tiempo se desparramaría por tres continentes. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

EL DEVSHIRME.



El “devshirme” era una institución turca otomana desarrollada en época de Murad II, encaminada a crear una guardia de corps completamente leal al Sultán y a la Sublime Puerta. El devshirme se basaba en el reclutamiento forzoso de jóvenes cristianos destacados, hijos de vasallos y de príncipes, de señores y de campesinos sometidos, originarios principalmente en los Balcanes. Estos jóvenes cristianos eran separados de su familia, trasladados a territorio turco, convertidos al Islam, instruidos e incorporados al ejército. Algunos de ellos ganaron gran reputación luchando, paradójicamente, contra el turco, como el infame Vlad el Empalador , o el señor albanés Jorge Castriota "Skanderbeg" .... otros por el contrario prestaron grandes servicios al Imperio. Obligados a jurar fidelidad vitalicia, eran utilizados para contrarrestar el creciente poder de la abolenga aristocracia turca. Mehmet II, sin ir más lejos, se apoyó en ellos para enfrentarse a sus enemigos íntimos, y de paso fortalecer su poder. 

Cada cinco años, los muchachos cristianos entre diez y quince años debían presentarse ante los funcionarios que realizaban la selección en la zona europea. Los más cualificados eran elegidos para el servicio, y el número solía oscilar entre 2.000 y 12.000, de acuerdo con las necesidades del momento. Los chicos seleccionados eran sometidos a un durísimo programa de integración total. Eran desvinculados de sus familias, aprendían turco, y según sus aptitudes (y actitudes) podían acceder a cualquier puesto de la corte, incluido el de Gran Visir. La mayoría se alistaban en el cuerpo de los jenízaros y pasaban a formar parte de la infantería más reputada de toda Europa.


HATHOR, DIOSA DEL AMOR.



Fértil como la “tierra negra” la mente egipcia imaginó diosas capaces de adoptar variados aspectos y adoradas como deidades protectoras y auténticos símbolos cósmicos. Hathor, etimológicamente “la casa de Horus”, era representada con aspecto de vaca o con cuerpo de mujer y cuernos y orejas de vaca. Entre los cuernos, un disco solar.


Hathor amamanta al faraón y se encarga de recibir a los difuntos cuando hacen su entrada (triunfal) en el enigmático Más Allá. En algunos mitos Hathor que tiene un templo consagrado en Dendera, comparte familia y leyendas con Isis.


martes, 20 de octubre de 2015

SANTA CORONA HÚNGARA.



A pesar de llevar casi un siglo siendo una república (más o menos independiente), uno de los símbolos más importantes de la nación húngara, presente en todos lados (incluido su escudo) es la Santa Corona. Además la Santa Corona está muy vinculada a la Iglesia Católica, también muy presente en prácticamente la totalidad del país. No debemos olvidar, que el Reino de Hungría siempre fue un fiel aliado del Papado de Roma. 

Aunque lo más interesante de todo este asunto, es que la Santa Corona era la encargada de dar y transmitir el poder. Durante la Edad Media era frecuente otorgar atribuciones mágicas y/o religiosas a determinados objetos. En el caso que nos ocupa, hace diez siglos que se estableció que en Hungría no reina el monarca, el primer ministro o un regente. En Hungría ostenta el poder de reinar la propia Santa Corona, que posee alma propia y que tiene por cuerpo el territorio físico del estado. De esta manera un rey no podía ser aceptado como tal por el pueblo si su cabeza no ceñía la Corona. En ese sentido, durante la Edad Media, para que la Coronación del Monarca fuese legal debían darse tres requisitos; ser coronado con la Santa Corona, en la ciudad de Szekesfehervar y por el arzobispo de Esztergom.

lunes, 19 de octubre de 2015

EL CRONISTA MÁS IMPORTANTE DE LA IBERIA MEDIEVAL CRISTIANA: ALFONSO X.



En la segunda mitad del siglo XIII, Alfonso X, hijo de Fernando III el Santo, rey de León y de Castilla, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “el Sabio” por su dedicación a la cultura, la poesía y el conocimiento, patrocinó la elaboración de dos magnas crónicas históricas: una Universal y otra de España. Aunque el rey se reconoce como autor material de sus obras, contó con colaboradores que trabajaron durante más de una década recopilando, ordenando y traduciendo textos del árabe y del latín.

La General Estoria es una historia Universal dividida en seis edades, mientras que la Estoria de España (o Primera Crónica General) consta de dos partes. La primera comienza con el Génesis y termina con don Pelayo, y la segunda abarca la historia de España desde la victoria del caudillo astur hasta el reinado de Fernando III. En esta crónica Alfonso X intenta justificar en todo momento el derecho histórico y legítimo de los reyes de Castilla y de León, a conquistar los territorios islámicos de Al Andalus (como casi siempre ocurre, la historia al servicio de los intereses políticos).

domingo, 18 de octubre de 2015

LA GUARDIA VAREGA.



Monarcas, emperadores y soberanos de todo tiempo y lugar, olvidaron el atávico origen de los reyes guerreros que guiaban a sus ejércitos, suelen recurrir a la contratación de soldados foráneos para que luchen sus batallas. 


En el año 988, el emperador bizantino Basilio II padecía una complicada revuelta interna que no era capaz de solucionar, y decidió pedir ayuda al príncipe varego (forma que usan las fuentes bizantinas para referirse a los vikingos) Vladimir de Kiev. Vladimir le envió 6.000 mercenarios que sofocaron las rebelión a golpe de hacha


Visto el éxito, y ciertamente impresionado por el poderío escandinavo, Basilio II decidió fundar con estos formidables guerreros una escolta personal, la guardia varega. Más tarde los integrantes de esta especie de guardia pretoriana bizantina eran reclutados entre los jóvenes escandinavos de Kiev y Novgorod, o directamente de su patria original: Dinamarca, Suecia y Noruega.

VINEA




Durante los asedios de ciudades y murallas, uno de los problemas era acercar la infantería a la posición enemiga. Para solucionar (o intentarlo) el problema, los ingenieros militares romanos diseñeron pórticos o vineae.


Era una especie de galería cubierta, que comunicaba la posición del sitiador con la del sitiado, como una especie de túnel que discurre por encima de la superficie. La primera referencia a este ingenio la ofrece Julio César que las nombra como vineae, aggere o vineae proferee.


Tenía la forma de un cobertizo a dos aguas, que se protegía con pieles sin curtir (para evitar incendios), y que solía alcanzar los cinco metros de longitud. Era una estructura muy sencilla construIda con listones, tablas y mimbre entrelazado para cubrir los flancos.

A pesar de ser una máquina estática, se le podían añadir ruedas o rodillos para desplazarla. Incluso era posible levantarla en peso y moverla. Gracias a sus dimensiones una vinea era capaz de albergar en su interior a una veintena de hombres.

sábado, 17 de octubre de 2015

BATALLA DE MANZIKERT.



Corría el año 1071, la caballería ligera de los selyúcidas, dirigida por el sultán Alp Arslán, desarbolaron y derrotaron a la tradicional caballería pesada bizantina del emperador Romano IV Diógenes. Aunque al principio las consecuencias no fueron dramáticas (y eso que Romano se convirtió en rehén del sultán), el tiempo demostró la debilidad de Bizancio que no tuvo más remedio que pasar a la defensiva y permitió a los selyúcidas dar forma a un extenso sultanato, cuyo poder abarcaba Irak e Irán. Ese día, junto a los selyúcidas, participaron en la batalla los futuros dominadores del Mediterráneo Oriental, los turcos otomanos. 

ONAGER LIGERO.



Roma crea un desierto y lo llama paz. Para construir esa paz, basada en la destrucción de pueblos y ciudades, eran necesarias las máquinas de asedio. Una de las más populares en época imperial romana era el onager.


En el siglo IV se sustituyó la honda empleada en el brazo de los modelos anteriores por una cuchara de hierro (o bien de madera). De esta forma resultaba más sencillo cargar la máquina, posibilitando una mayor cadencia de disparo.



Además se le añadieron cuatro ruedas, que convirtió al onager en una máquina de asedio móvil, a pesar de su elevado peso. No obstante era la menos maniobrable de las piezas de artillería, pero también la que causaba un efecto más devastador en las defensas enemigas.

viernes, 16 de octubre de 2015

LA CAMPAÑA DANUBIANA DE VLAD III DRÁCULA.



Invierno del año 1462, el gran río está congelado, y cientos de jinetes lo atraviesan con sigilo. El hielo soporta el peso de la caballería y no cede bajo sus cascos. La infantería, más numerosa, sigue de cerca (sin perderla de vista) a la bien entrenada vanguardia. Hace un rato que la noche ha caído sobre sus cabezas y el gélido viento de la llanura azota los cuerpos de unos soldados envalentonados. Alguno ha bebido un poco de vino para entrar en calor e insuflarse ánimos. Se encienden las antorchas, vuelan las primeras flechas y miles de valacos se lanzan poseídos por el espíritu del dios Ares, a devastar la orilla izquierda del Danubio. A la cabeza de esta enfervorecida horda, espada en mano, y aullando como un lobo dacio, Drácula, siembre el terror entre los sorprendidos turcos. 

El famoso Vlad III fue un guerrero cruel y despiadado, capaz de idear enfermizas atrocidades (al menos eso cuentan las fuentes históricas interesadas, repetidas hasta la saciedad por pseudohistoriadores en la red) y un general un tanto sobredimensionado. En ese sentido nunca demostró una gran inteligencia estratégica, ni la habilidad diplomática necesaria para conducirse con éxito en una contexto geopolítico excesivamente complejo. Aunque en su descargo, y para ser, sino justos, al menos objetivos, debemos añadir que nunca pudo demostrar su auténtica valía en una gran batalla campal. No obstante, no hay que restarle méritos, ya que utilizó (unas veces con más acierto, otras con menos) todos los recursos al alcance de su mano, para defender su posición en el volátil trono de Valaquia. De esta manera, hizo de la guerra de guerrillas, las razzias, las emboscadas y los ataques relámpago su arma más efectiva en las encarnizadas luchas contra los turcos. 

En el invierno 1461 – 62 protagonizó su campaña más audaz, vitoreada (con motivo) y recordada. Al mando de un ejército modesto (si lo comparamos con las huestes que podía movilizar el sultán Mehmet II) cruzó el Danubio helado y sometió al enemigo a un durisimo castigo. Dividió sus fuerzas en varios cuerpos y efectuó un raid devastador que cubrió un frente de unos 800 kilómetros, desde Kilia hasta Rahova. Los valacos no dejaron cabeza sin cortar, ni población sin arrasar. Todas las ciudades y aldeas (fueran turcas o búlgaras) sufrieron la ira del Empalador. Además destruyó todas las embarcaciones que encontró en el vado del río. 


Esta expedición, una razzia a gran escala disfrazada de auténtica guerra preventiva, pretendía conseguir una serie de claros objetivos tácticos. En primer lugar sorprender e impresionar a los otomanos, realizando una demostración de fuerza, que les enseñase que los valacos no iban a ser dóciles vasallos. Asimismo consiguió destruir los refugios y puestos de guardia de los valiosos jinetes akindjis. Además, con este golpe de mano consiguió crear un desierto estratégico que amortiguase la invasión turca. Antes de retirarse empleo la práctica de tierra quemada para entorpecer la segura campaña de represalia que lanzaría Mehmet II con los primeros brotes de la primavera. 

El cronista Laonico Calcocondilas en su obra “Historiarum Demonstrationes” describe brevemente la acción de Vlad: “Después de ello, inmediatamente, preparó el más grande ejército que estuviera en su poder y avanzó prontamente hacia Istros [Danubio]. Una vez adentrado en los confines del Istros y el país del emperador, masacró todo, mujeres y niños incluidos, incendiaba las casas, sembraba el fuego por donde avanzaba. Después de efectuar muy gran masacre, volvió a Dacia”

Tras la victororiosa marcha, a principios de febrero, Vlad escribió una carta el rey de Hungría, Matías Corvino , relatando su hazaña, contabilizando más de 20.000 muertos y solicitando unir fuerzas para derrotar definitivamente al invencible turco. 

“He matado a hombres y mujeres, a viejos y jóvenes, desde Oblucitza y Novoselo, donde el Danubio entra en el mar, hasta Samovitn y Ghigen. Hemos matado a 23.884 turcos y búlgaros, sin contar aquellos a los que quemamos en sus casas, o cuyas cabezas no fueron cortadas por nuestros soldados […] 1.350 en Novoselo, 6.849 en Silistria, 343 en Orsova, 840 en Vectrem, 630 en Tutrakan, 210 en Marotim, 6.414 en Giurgiu, 343 en Turnu, 410 en Sistov, 1.138 en Nicópolis, 1460 en Rahovo […]

Reunid a vuestros ejércitos, caballería e infantería, venid a nuestro país y luchad a nuestro lado. En caso de que Su Alteza se vea imposibilitada de proporcionar ayuda personalmente, enviar vuestro ejército a Transilvania […] y, en caso de que Vuestra Majestad tampoco desee hacer esto, enviad a quie queráis; pero sobre todo influid sobre los transilvanos y los szekler. Y, si Su Alteza está dispuesta a prestar ayuda, entonces no tardéis [...]”.


El día 23 de marzo la noticia de la espectacular victoria llegó a la ciudad de Bolonia y de ahí se propagó como un reguero de pólvora. El Cristianismo Occidental con el Papado al frente se mostraron exultantes por el éxito de Vlad, sin embargo, ignoró la llamada de auxilio. Aún no se habían olvidado del desastre de la última cruzada en Varna (1444) y la conquista de Constantinopla (1453) había dinamitado definitivamente las esperanzas de expulsar a los turcos de Europa. Nuevamente Vlad III se encontraba solo ante el peligro turco que se desparramó por Valaquia en verano de 1462. 

El escritor irlandés Bram Stoker, biógrafo no oficial de Vlad III y en cierto modo, culpable de la identificación entre el voivoda y el Conde Vampiro, parece hacer referencia a esta campaña, al poner en boca del profesor Van Helsing el siguiente comentario: “Le he pedido a mi amigo Arminius [Vambery] de la Universidad de Budapest, que me facilitase la historia de nuestro vampiro. Según él, debe tratarse del mismo voivoda Drácula, que se hizo célebre atravesando el gran río y luchando contra el turco, en la misma frontera turca”. En el fondo de la cuestión, creo que nunca sabremos si Stoker se inspiró en el voivoda Vlad el Empalador para crear a su inmortal personaje. 

Vlad III, conocía el terreno en que se movía, explotaba la guerrilla para enfrentar a un enemigo superior (del mismo modo que siglos atrás hizo el lusitano Viriato en sus luchas contra Roma en la Península Ibérica) lanzando rápidos ataques que golpeaban como un martillo sobre las desprotegidas defensas enemigas, mientras el turco duerme o descansa. Lamentablemente para él, no fue suficiente para derrotar al sultán Mehmet II, aunque le puso contra las cuerdas en más de una ocasión. 


PLAZA DE SANT JAUME.



La plaza de Sant Jaume era el corazón de la Barcelona antigua, y aún hoy conserva el gobierno de la ciudad. En toda ciudad la plaza vertebra su vida, en ella se cruzan los caminos, se erigen los edificios principales y se desarrolla la vida pública (y social). En la Plaza de Sant Jaume se ubica el ayuntamiento, Casa de la Ciutat y la Generalitat, muy cerca de la Catedral. Ambos edificios, ayuntamiento y Generalitat se encuentran enfrentados, un poder mirando fijamente al otro.