domingo, 6 de septiembre de 2015

LA CIUDAD MEDIEVAL. UNA HIPÓTESIS.



Según el Materialismo Dialéctico, a una tesis, el Castillo (aunque también podemos citar a la abadía o al monasterio) se le opone una antítesis, la aldea. De su confrontación surge una síntesis; la ciudad medieval. Los labriegos y pastores (todos los campesinos en general) se contraponen a los señores (laicos o eclesiásticos, caballeros y abades), privilegiados y no privilegiados, señores y vasallos, y de esa lucha de clases surge con fuerza un nuevo segmento social, la burguesía. Una burguesía que no parará de crecer hasta el siglo XIX, cuando el capitalismo derrote definitivamente al feudalismo, y estos burgueses remuevan los cimientos de la sociedad tradicional y se erijan en el grupo dominante. La guerra, la oración y la agricultura son complementadas por la artesanía, y superadas claramente por el comercio a gran escala. Poco a poco los pequeños burgos fortificados fueron creciendo y haciéndose más complejos, transformándose, además, en los centros de la actividad comercial, religiosa, y con el tiempo, política. Los monarcas, enfrentados secularmente con los grandes terratenientes, colmaron de privilegios a estas pujantes aglomeraciones urbanas. Los gremios van suplantando a las legendarias órdenas de caballería, las ferias atraen a más gente que las justas, el dinero es más valioso que las hostias, y la riqueza material va ganando la batalla a la esfera espiritual. Los canteros y albañiles (futuros masones) elevan a los cielos, para gloria de los ciudadanos y no de Dios, las maravillosas catedrales góticas, convertidas en álbum pétreo de recuerdos y un símbolo visible de una época.  
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