viernes, 13 de marzo de 2015

VILLAFRANCA DE CONFLENT, CENTINELA DE LOS PIRINEOS.



Cataluña, Andorra y el Rosellón, la misma lengua y la Senyera en ambas márgenes de los Pirineos. Villafranca de Conflent, considerada una de Les plus beaux villages de France, es una preciosa ciudad fortificada de origen medieval. Fundada por Guillermo Ramón, conde de Cerdaña a finales del siglo XI, en un punto estratégico del Valle del Tet, paso obligado entre la Cerdaña y el Rosellón. La villa fue parte integrante sucesivamente del Condado de Barcelona, el Reino de Mallorca, la Corona de Aragón, Francia (1463), España (1493) y tras la Paz de los Pirineos (1659) volvió nuevamente a Francia. 


A pesar de su esencia medieval, sus formidables fortificaciones abaluartadas son obra del ingeniero Marqués de Vauban en el siglo XVII. 


Topé con esta ciudad por casualidad, pues reconozco mi ignorancia en cuanto a su existencia, hasta que pasé por delante de sus murallas en cierta ocasión que cruzaba los Pirineos en dirección a Francia. Por supuesto detuvimos la marcha y nos dispusimos a conocer mejor esa villa que nos había dejado con la boca abierta.

El fundador, el conde Guillermo Ramón de Cerdaña, estableció un mercado y una iglesia para favorecer el asentamiento de población. 


La ciudad está estructurada en dos calles paralelas, rue Saint Jean y  rue Saint Jacques. En el pasado, la actividad textil (telas y teñido), el hierro y el trabajo del cuero y carnicería se concentraban a lo largo de estas dos calles. La calle rue des Tisserands conserva el recuerdo de aquella época.


La porte Contale es la puerta más antigua de la ciudad, construida durante la primera ampliación de la villa, abierta a la gran llanura del Rosellón. 


Constuida en mármol en el siglo XII la portada de la iglesia de Villafranca es un ejemplo del arte románico catalán.


El ayuntamiento, sede del poder civil, fue construido en el siglo XII. 


La torre campanario fue construida en 1200, integrada en el ayuntamiento actual, fue utilizada, como muchos de estos edificios fortificados, como prisión. El veguer era juez y representante del poder y la administración del rey, y como tal impartía justicia en su nombre. Durante varios siglos, junto con el ayuntamiento local, este edificio fue la sede de la Veguería del distrito de Conflent, y un claro símbolo de la autoridad condal.


La rue des Tisserands. En la Edad Media y a lo largo de cientos de años, los tejedores (tisserands en francés) vivían y trabajaban en esta calle (de ahí precisamente su nombre). Fundamentalmente se dedicaban al tejido de la lana, y en menor medida lino y seda. La calidad de los productos fabricados era tal, que llegaban mercaderes de toda Europa para comprarlos. Los tejedores poseían una marca de calidad para garantizar el origen de los tejidos. 


La fama de los paños de Villafranca fue, durante mucho tiempo, el motivo principal de la riqueza de la ciudad. Por esta razón no existían impuestos para comerciar aquí, y de ese hecho se desprende el nombre de la localidad: Villa Franca.


La torre de Solanell ocupa la intersección de dos calles, al costado de un edificio del siglo XIV que más tarde sirvió como hospital militar. Forma un cuadrado con siete metros de lado y veinte metros de altura. El carácter imponente del edificio debía marcar el poder y la riqueza del municipio. 


San Juan lleva siglos protegiendo a los habitantes de la ciudad. 


El blasón de Villafranca de Conflent consiste en dos torres, una escalera y una corriente de agua coronadas con los colores de Cataluña y de la Corona de Aragón. 

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