lunes, 29 de septiembre de 2014

ILUSTRES PEREGRINOS



En la génesis del Cristianismo confluyen dos elementos escatológicos: el martirio y las reliquias. Ambos influirán de manera decisiva en la personalidad del cristiano, y ambos elementos dibujaron un tercero y decisivo; las Peregrinaciones. Los cristianos devotos de la Edad Media viajarán a los Santos Lugares, visitarán Roma y por supuesto, peregrinarán a Santiago de Compostela

Y entre esos peregrinos, encontramos a gente ilustre y célebre, personajes de la política y de la farándula, gente guapa de la prensa rosa (y amarilla) medieval. El primer peregrino conocido fue Gotescalco, el obispo de Le Puy, al que siguieron Alfonso II el Casto, uno de los urdidores (y cuasi arquitecto) de la Ruta Xacobea, San Francisco de Asís, con la sana intención de transmitir el evangelio mediante la palabra y no a fuerza de Cruzada, Santo Domingo de Guzmán, su rival mendicante, la más legendaria (por obligada) que histórica de el Cid Campeador, el piadoso Felipe II, Thomas Becket, azote y maldición de Enrique Plantagenet, el periodista medieval Aymeric Picaud, autor de la primera Guía del Peregrino, Carlomagno que tuvo que resucitar para hacer coincidir las fechas de su legendaria peregrinación, Isabel la Católica, que a su paso por Cebreiro, regaló a los monjes la Hornacina del Santo Milagro (¿otro Grial?) o el Conde Fernán González, el artífice de la Castilla histórica. Otros más gandules y más henchidos de riquezas, pagaban a algún miserable para que realizase el Camino en su nombre. ¿Qué opinaría el Altísimo de todo esto?. Todos ellos hombres y mujeres conocidísimas sufrieron la fatiga y la dureza, y sintieron el goce de alcanzar la meta, al igual que millones de peregrinos anónimos.

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